A na Cristina Aristizábal es mi amiga. Es una colombiana con carisma, Tra bajadora Social, enamorada de su país como yo. Conversábamos acerca de la decisión del presidente Santos de negociar la paz con los terroristas que han des truido a media Colombia durante décadas de men tecatos ataques contra la población civil y militar.

Ana C, como le decimos familiarmente, me dijo varias cosas que tienen alguna lógica: Que el presidente Santos bajó la guardia con relación a lo que hizo el ex presidente Uribe, que estamos volviendo a los amargos momentos de Pastrana, que teme mucho por el futuro de Colombia y que nos equivocamos al votar por Santos. “Un descuidito y terminamos como Venezuela o Ecuador”, me dijo Ana Cristina. “Tenemos una democracia sólida que está en peligro y eso me causa mucha tristeza. El presidente nos jugó una mala pasada porque él sabía que los votantes le dimos semejante apoyo porque creímos que él apoyaba la gestión de Uribe contra la guerrilla y no por un proceso de paz que él nunca mencionó en su campa ña. Parece que lo único que le interesa es ganar un Premio Nobel de Paz”, comenta mi amiga.

Estoy de acuerdo con una parte lo que dice Ana C. Pero debo aclarar que sigo creyendo en el presidente Santos. Creo en su buena fe, pero me preocupa su política acerca de la paz que, para ser sinceros, tiene divididos a los colombianos.

Santos tiene como primer objetivo para su gobierno incrementar las inversiones extranjeras en Colombia y eso es maravilloso, nadie pue de negarlo. Los entes encargados por el gobierno, como Proexport, trabajan duro en ello.

Pero … ¿qué seguridad puede tener un inversionista cuando un grupo de fascinerosos impone condicio nes, presiona al gobierno poniendo bombas, y se divierte participando en una negociación de paz que aparenta ser un sofisma de distracción, una farsa?

Dios quiera que la negociación de paz tenga un fi nal feliz. Quiero que me callen la boca y se la ca llen a todos los críticos del proceso de paz. Quiero que no sea una farsa, que se firme un acuerdo y que las partes cumplan, Pero, desafortunadamen te, negociar con criminales, ignorantes, mal in tencionados, no puede conducir a nada positivo.

Que bueno sería estemos equivocados quienes dudamos del resultado de la negociación, lo anhelo con toda el alma. Pero los malévolos que han embargado la felicidad de todo un país, que actúan como animales indomables asesinando a inocentes, explotando bombas, destruyendo la infraestructura de una nación, no merecen el más mínimo respeto y deben enfrentar a la justicia y pagar con penas se veras sus crímenes. Y si eso no se logra, deben ser combatidos por las fuerzas militares, dotadas con el poder y el encargo de la constitución para salvaguardar el orden y proteger la vida de los colombianos.