¿Qué recuerdas de la Navidad en tu tierra?

0

Aquí Colombia USA envió esta pregunta a un grupo de amigos y lectores colombianos con el ánimo de explorar un poco la nostalgia de la Navidad en nuestra patria. Y estas son varias de las respuestas recibidas, algunas editadas por razones de espacio. Las respuestas llegaron indistintamente de ciudades o departamentos. Observe el lector como casi todos nuestros invitados hablan de tiempos lejanos. De añoranzas, que es a lo que invita nuestro interrogante. Y terminamos con la visión moderna de la que habla Angela Suárez en Medellín.

 

CUCUTA (Dr. Jairo Quintana)

Este es un recuerdo que no ha cambiado ya que todavía lo practicamos y trato de seguir la tradición con mis hijas. La Navidad la recuerdo como una fiesta que comienza desde el 16 de diciembre con la novena, claro, bailable, porque desde ese día empieza el trasnocho.

 

Se acostumbra ofrecer a los invitados los famosos pasteles de garbanzo o el conocido plato frío. Los villancicos y la infaltable Billos Caracas Boys y los Melódicos.

El 24 se estrena pinta y se hace la fiesta con la misma música de estas dos grandes orquestas. Y de comida, el pernil con la inigualable hayaca, muy venezolana por cierto.

 

SANTANDERES (Jaime Yáñez)

La magia de la Navidad para los santandereanos, los de Bucaramanga y los de Cúcuta es una sola. Al igual que en el resto del país, los últimos días de Noviembre las calles de esas capitales se invaden de luces y alegría. Para los cucuteños y bumangueses esta gran fiesta es tiempo de recogimiento y unión familiar, que gira en torno a las Novenas de Aguinaldo en los Pesebres donde se ora y se cantan villancicos por el nacimiento  del Niño Jesús. Debido a los tiempos, la tradición ha cambiado. Antes la gente era más devota y jugaba a los aguinaldos, apuestas que tenían valor. Los aguinaldos más tradicionales, eran: “Pajita en boca”, “Dar y no recibir”, “El Mudo”, “Golpe en la espalda” entre otros. Ahora eso ha cambiado por los regalos del “amigo secreto¨ y los bailes.  Durante estas fechas, los platos típicos siguen siendo los tamales, bocadillos, postres, el mute santandereano, pero ahora el pavo estadounidense se coló  a la mesa.

 

El 24 de diciembre, después de la cena de medianoche, se reparten los regalos y en muchos barrios se cierran las calles para dar rienda suelta a la rumba hasta el amanecer al ritmo de salsa, merengue, cumbia, vallenato y otros ritmos propios de las fiestas colombianas.

 

CARTAGENA (Cecilia DeBrigard)

Se acostumbara a ir a la Misa de Gallo el 24. La Navidad se celebra el 24, y el 25 viene el Niño Dios. Los regalos los encontrábamos junto a la cama de c/u.  Se decora el árbol de Navidad. EL día de la Vírgen, que es el 8 de Diciembre, se prenden las velitas o luminaria, se le llama el Dìa de las Velitas y para esa fecha ya se tiene el árbol decorado.

 

La comida típica son los pasteles de Navidad: pasteles de arroz que llevan cerdo y pollo y algunos vegetales, envueltos en hoja de ¨bijao¨ (hojas de plátano). En la cena de Navidad se sirve pernil, arroz con coco y pasas, ensala de de papa y piña o manzana (le llaman ensalada rusa en algunas partes) o puré de papas. Los más sofisticados sirven pavo relleno con picado de carne molida, se sirve algún tipo de ensalada verde. Se rezan las novenas de la forma tradicional y se reparten dulces a los niños en las novenas.

 

BOGOTA (Fernando Rangel)

De las tradiciones navideñas de mi casa en Bogotá, recuerdo que eran una mezcla de legados santandereanos y boyacenses, en razón a mis orígenes.

 

Haré un listado en desorden sobre actividades que hacíamos:

 

– Ir los muchachos de la cuadra a los cerros de La Calera a coger musgo, quiches, lama, pinos y otros materiales para hacer Pesebre y el Arbol de Navidad.

 

– Compra de casitas, vaquitas, burritos, bombillos, y demás figuritas necesarias para adornar Pesebre y Arbol, serpentinas, papel picado pitos, matracas, panderetas, maracas, ingredientes de las comidas y obvio el guarito.

 

– Lista de invitados a algunas novenas. Pasabocas y traguito.  Cartas al Niño. Juegos de Aguinaldos y lor premios al ganador, tales como el Beso Robado, Pajita en Boca, Sì y Nò, Hablar y no Contestar, Estatuas.

 

– El 24 si la reunión era en casa nos mandaban a acostar, a pesar del rumbo, a las 10 de la noche y mi padre era el encargado de colocar los regalos más pequeños debajo del árbol y los de mayor tamaño bajo las camas o en el baño de emergencia.

 

BOGOTA (Ligia Rey)

Cada año nos reuníamos para armar un pesebre con  figuritas y pueblitos sobre   grama que traíamos del campo o de  las laderas de Monserrate;  ya iluminado,

rezábamos la novena al Niño Dios; cada noche en los  hogares, de la  familia o amigos;  se cantaban  villancicos y quienes  tocaban tiple o guitarra animaban la fiesta; todos teníamos panderetas o maracas para acompañar.  Muchas veces terminábamos  bailando al compás de cumbias, porros, merecumbés y bambucos. Se repartían  buñuelos, tamales, con chocolate y almojábanas y otras delicias.

 

El 24 de Diciembre, nos reuníamos en familia a disfrutar nuestro  más tradicional y delicioso ajiaco santafereño. Después, arroz de leche, brevas con arequipe o flan de

caramelo y buñuelitos en almíbar. A las 12 de la noche abríamos regalos. En la mañana del 25, a pesar del frío intenso de la Sabana, no faltábamos a la

Misa . A veces viajábamos a una finca o a otra ciudad.

 

BOGOTA (Silvia Inés Ordóñez)

Para mi el recuerdo más importante de la Navidad es la unión familiar. Recuerdo en mi infancia, muy especialmente a mis tías solteronas que vivían y moria´n por nosotros, sus sobrinos. Especialmente la ti Rosita, quien se gastaba lo de su pensión en comprar pólvora para que disfrutáramos después del rezo de las novenas, de los villancicos que ellas acompañaban al piano, después de comer tamales, envueltos, chocolate con huevos pericos y pan fresco.

 

Para mi la Navidad es y será: Familia, amor, Niño Jesús, novenas, buñuelos, natillas, luces y sobre todo, la oportunidad de estar y compartir momentos felices con mi bella familia y grandes amigos.

 

VIEJO CALDAS (Olga Arango)

La navidad empezaba siempre el 1 de diciembre, jamás días antes o días después… Ese día el sentido de la vida cambiaba, todos en la casa corrían pa’ arriba y pa’ abajo, unos sacando del cuarto de san alejo el arbolito de navidad, otro desenredaba esos nudos de cables verdes con bombillitos de colores para darle vida y luz al arbolito, el otro buscando cuidadosamente esas bolas de colores metálicos que cuando uno se acercaba a ellas se le ensanchaba la nariz, eran rojas, azules, plateadas y tenían un aro en la parte superior de donde pendían del árbol hasta el seis de enero… las que lograban subsistir, eran las de la parte de arriba del arbolito, las de la parte baja siempre terminaban siendo víctimas del gato y pulverizadas en el suelo.

 

Alrededor del arbolito los chiquitos  probábamos las luces de las extensiones sin temor a electrocutarnos, los grandes encaramados en el balcón poniendo un Papá Noel enloquecedor que repetía la misma cancioncita tooooda la noche por mes y seis días a decibeles ensordecedores pero aun así todo era felicidad.

 

El hermano más confidente engañosamente se lo llevaba a uno a un lugar a solas y preguntaba: Olguita, “Que le estás pidiendo al Niño Dios?

 

El olor a buñuelos y natilla inundaba los sentidos, las apuestas de aguinaldos nos mantenían prevenidos día y noche, antes del 16 de diciembre en papel seda se empacaban dulces y se hacían los “cosacos” que se repartían después de cada novena. El pesebre era grande, por lo general ocupaba más de la mitad de la sala o el comedor, no importaba que debajo del papel de cera quedaran sepultados los muebles y adornos cotidianos de la casa, ese era cada año el espacio para la ciudad Santa donde nacería el Niño Dios. Después de rezar religiosamente y cantar  villancicos el “equipo” prendía sus luces verdes al son de Pastor López, y de  ahí hasta la madrugada.

 

Llegó el 24, no daban las 7 de la noche a la carrera y con el corazón a millón rezábamos la novena porque nos teníamos que ir a dormir temprano. A las 12:01 AM nos despertaban a gritos. Las tarjeticas decían de: Niño Dios/Para: Olguita. Juro que jamás me percaté que la letra del Niño Dios era idéntica a la de mi hermana mayor. La cena era especial, recuerdo que era pernil o pollo. Después de la comida del 24 el postre era pudín de café con café. Ese olor perduraba hasta el otro día y hasta le sol de hoy, la navidad me huele a café.

 

TOLIMA (Soledad R. Sanín)

Mis recuerdos de Navidad, están ligados a dos regiones colombianas: Río Negro, en Antioquia, donde nació mi abuelo y, el Espinal en el Tolima, en la finca de mi abuela. Mis abuelos, eran divorciados y por eso, debíamos turnarnos para celebrar. O lanzábamos globos, merendábamos natilla con buñuelo en Medellín, o comíamos tamales tolimenses, con carne de cerdo, alimentado con verduras de la huerta, maíz y pan casero. A mis 10 años, festejamos la Navidad en Río Negro. Nos llevaron al “sermón de aguinaldos”, donde se esperaba al Niño Dios, rezando la novena, cantando villancicos y compartiendo con los familiares, vecinos y amigos. Después, de la misa, compartíamos platos autóctonos, natillas, buñuelos, arroz con leche y uvas pasas. A la media noche, se repartían regalos y servían la cena. Los adultos, tomaban aguardiente, escuchando tangos y boleros de Javier Solís.

 

ARMERO, TOLIMA (Bibiana Cervantes)

La Navidad en el pueblo comenzaba con las novenas, todos reunidos frente al

pesebre escuchábamos a los adultos recitar el novenario mientras los

pequeños nos entreteníamos contemplando el inmenso pesebre que decoraban con gran majestuosidad e incluían cantidad de animales y personajes que más

parecía un paisaje colombiano que el desapacible pesebre de Belén.

 

Los niños cada uno con pandereta, maraca, pito, o cuchara en mano esperábamos la utima frase para desentonar villancicos. No podía faltar A la Nanita Nana;

Ven, ven, ven; Vamos Pastores Vamos y Tutaina, entre otras.

 

Era la gran diversión 9 días de pequeños regalos antes de recibir el premio mayor a las 12 de la noche del 24 de Diciembre.

 

A la hora de comer no podían faltar los deliciosos tamales, que se hacían en

Guayabal, Tolima, una población cercana a Armero y la deliciosa Lechona

tolimense. Al mismo tiempo la fiesta después de la novena a ritmo de

merengue, cumbia, vallenato y salsa.

 

En Armero y en los pueblos vecinos se instalaban las famosas “casetas”, una seguida de la otra. Cada una vendía bebidas alcohólicas y tenían música en vivo. A casi todos los colombianos, como canta la canción,  ¨el año viejo tambieen les había dejado cosas buenas: una chiva, una burra blanca y una buena suegra¨.

 

 

MEDELLIN (María C. Marulanda)

E avemaría pues… la Navidad en mi tierra viene mas cargada de risas, cantos y alegría que una chiva en tiempo de fiesta!

 

Iniciábamos la Navidad con el día de los alumbrados, iluminando las calles, las fachadas y aceras de las casas con velitas de colores encendidas, que no solo iluminaban nuestra linda ciudad si no los corazones de todas nuestras familias.

 

Después… “A la finca de los tíos… a celebrar la Navidad!” Aquello era todo un evento. Nunca supe cómo se las arreglaban para acomodar en su finca de 4 cuartos y dos baños a veinte primos, 4 tías, 5 tíos, los primos de los tíos, los primos de los primos de los tíos,  los abuelos, las hermanas de la abuela…y la fiel muchacha. Aquello era el desorden mas organizado del que yo me pueda acordar. Todos teníamos una tarea…y hay de que nos se cumpliera.

 

” Vamos a hacer el pesebre,” gritaba el tío organizador. Era la obra de ingeniería mas creativa , bella y folclórica.! Y hay de aquellos manjares… natilla, buñuelos, gelatinas, empanadas, chorizos, morcilla, arepas, picada, y por supuesto nuestra bandejita paisa, deleitaban nuestro paladar mientras cantábamos con mi Burrito Sabanero y el Antón tiru riru riru.  El aguardiente Antioqueño y el refajo compañero fiel de todos los señores de la fiesta… y algunos robaditos de la hermana de mi  abuela sin que nadie se diera cuenta! La fiesta continuaba hasta la madrugada. Los niños nos íbamos a la cama temprano, pues esperábamos a la mañana siguiente al “Niño Dios” que nos trajera los regalos, no a Papá Nicolás o Santa Claus.

 

MEDELLIN (Irma Zender)

♫ Llegó diciembre con su alegría ♫ ♪. Nuestros corazones se alegran al recordar las anheladas festividades navideñas llenas de color, sabor y tradición que disfrutábamos de antaño.  Recuerdo que a comienzos de Diciembre se organizaba el paseo para ir a cortar el árbol fresco y natural que con su aroma perfumaba la casa hasta el 6 de enero con la llegada de los Reyes Magos.  Continuando con nuestra agenda de preparativos, ansiosos esperábamos el 7 de diciembre para inaugurar los alumbrados en donde los vecinos competíamos con la mayor cantidad de velas en las aceras.

 

Medellín  entonces se iluminaba con el reflejo de las luces de las avenidas multicolores y ya olía a fiesta! Los regalos se seleccionaban cuidadosamente para halagar a cada miembro de la familia y a los amigos que los recibirían y poco a poco iban decorando los alrededores del árbol navideño. Los personajes del  pesebre, las casitas, el trencito, la nieve echa de algodón y todos los detallitos deberían estar listos para el 16 de Diciembre cuando vestidas de pastoras y con cascabeles y panderetas hechas con tapas de gaseosas machacadas a piedra, las niñas y jovencitas entonábamos los famosos villancicos durante la novena al Niño Dios. Para completer el encanto de las fiestas, se hacía una reunión familiar para preparar y compartir recetas sabrosas en donde los buñuelos, ojaldres, empanadas, natillas y otros postres estaban a la orden del día.

 

MEDELLIN (Angela Suárez)

Qué tal si iniciamos afirmando que Navidad tiene muchos, muchísimos sinónimos:

Alegría, nostalgia, infancia, luces, Niño Jesús, tradición, novena de aguinaldo y más, muchos más conceptos convertidos en sustantivos y adjetivos que nos remontan siempre a nuestros primeros años en familia. Colombia rural y urbana se encuentran en celebraciones religiosas o paganas que aprovechan la sintonía colectiva para festejar.

 

Voy a apropiarme de una tradición de mis recuerdos para comparar su evolución en el tiempo. Llega la Virgen el 8 de diciembre y con ella se encienden desde hace años miles, millones de bombillos multicolores para convertirse en imán de propios y extraños que desfilan a lo largo de calles y avenidas de Medellín. Es un aprendizaje de ciudad. Aprendieron a hacer arte las Empresas Públicas de Medellín con sus más de 50 años de alumbrado navideño, aprenden los turistas que esta es una época propicia para llegar a la ciudad, y aprenden los ciudadanos a convertirse en anfitriones de visitantes nacionales e internacionales que para este 2012 se congregarán desde el 28 de noviembre cuando se enciendan anticipadamente para celebrar el Evento Internacional de Ciudades Iluminadas – LUCI.

 

Para quienes lleguen a Medellín buscando la luz del día en el impresionante espectáculo nocturno a lo largo del río, se encontrarán con una gastronomía que también ha aprendido a salir de sus apegos.  Verán cómo la transformación de una ciudad sirve de ejemplo para demostrar que de la mayor de las desdichas puede salir una capacidad de innovación capaz de generar una dinámica constante de crecimiento económico y social.

 

Al igual que Medellín, Colombia toda se prepara para una Navidad con esperanza de Paz para acompañar el sentido emocional de la temporada de luces!

 

 

Compartir

Sobre el Autor

Dejenos su comentario